HIMILCE A. TEJADA

Esto es un tema muy serio y muy verde.

Quiero hacerte una pregunta. Responde con sinceridad, como cuando te ves en el espejo y no puedes negar tus años… ¿Qué estás haciendo por tu hábitat? ¿Qué piensas sobre el planeta?

Hasta los que no ven documentales de temas ecológicos saben que algo raro está pasando. Ni los calores, ni las lluvias, ni las sequías, ni los ciclones, ni este frío buenísimo que se extendió hasta marzo lucen “normales”. La epidemia de ciertas enfermedades está cada vez más relacionada al uso intensivo de productos que están alterando el ciclo normal de las cosechas. Los productos “naturales” no lo son tanto y el cuerpo lo sabe. Por eso se enferma.

En lo que lo piensas, los niños llegan de la escuela con un discurso pro-tierra y te imponen medidas de ahorro en la casa. Sabes que tienen razón, pero en tu mente te preguntas qué tanto hay de cierto en estos mensajes apocalípticos. La respuesta es ¡todo! Y más vale que lo creas.

¿Qué tanto puedes hacer? ¡Mucho! Y más vale que también lo creas. Estamos acostumbrados como nación a enterrar la cabeza en la arena y a pensar que si no nos afecta, no es nuestro problema. El punto es que el problema llegó y se agrava por minutos si no te sumas a la solución. El mundo se tambalea, desaparecen especies, ríos y bosques, los polos se derriten y cientos de miles perecen por hambre y por falta de agua. Es criminal seguir en la ignorancia o en la inercia.

El mundo cambia contigo. Una acción que parezca insignificante puede tener un alto impacto sobre tu entorno y tu familia. Piensa todo lo que puedes hacer desde tu casa: desde tomar medidas de control en el consumo eléctrico, verificar que no haya fugas de agua; clasificar tus desechos, reciclar, reusar y consumir cada vez menos productos plásticos de esos que no se degradan y que llenan los mares. Si crees que es poco, imagina a once millones de personas haciendo lo mismo que tú y verás cómo la perspectiva cambia.

Únete e incentiva las iniciativas de ahorro que se implementen en tu lugar de trabajo; utiliza más y mejor lo que la tecnología ha puesto a tu alcance. Comparte ideas con compañeros y sorpréndanse de la cantidad de acciones que se pueden tomar en beneficio del planeta y que ahorran, además, dinero y recursos. En una ocasión, en una institución en la que laboraba incentivamos el ahorro de papel disminuyendo la cantidad de fotocopias. En el proceso aprendimos que gastábamos un 65% más de los que necesitábamos y dejamos de comprar cientos de miles de pesos en resmas y tinta. Pero lo más importante, cuantificamos cada árbol que salvamos y fuimos por más. Aprendimos a trabajar de una forma más eficiente, ganando todos en el proceso.

Acostumbra a tus hijos a apagar luces, abanicos, computadores y sus equipos electrónicos cuando no los estén usando. Raciona el uso de las resistencias eléctricas y apaga el aire, de por Dios, que si no aguantas por un ratico el calor del trópico nacido y criado aquí, bien harías en irte a vivir a Canadá, bien al norte.

Y aunque parezca redundante, ofrece un ejemplo responsable. Predica con tu buen hacer. Mantente vigilante y denuncia los abusos. Integra brigadas de reforestación con tus hijos y pasen tiempo en la naturaleza para que aprendan a amar su país. Eso dejará en ellos un recuerdo más duradero que cualquier documental que vean por televisión y les garantizas un año más de vida con calidad en este planeta cada vez menos verde y más hostil.

Quizás este tema o las ideas te parezcan triviales o de muy bajo impacto. Nuestra intención es dejar el tema sobre la mesa y ponerte a pensar. Fuimos bendecidos con un país hermoso para vivir y no es nuestro. Estamos de paso y nuestros hijos vienen detrás. Mantenerlo y mejorarlo es responsabilidad enteramente nuestra. Pongamos manos a la obra.

Ilustración: Ramón L. Sandoval

By | 2018-04-05T13:34:18+00:00 Abril 5th, 2018|Latest Articles|

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